Vacas, como conejos

Portafolio, 28 de febrero de 2018

Minagricultura y los gremios ganaderos tienen la solución en sus manos. Pura decisión política. Desatrasarnos puede tomar un par de décadas, pero las mejoras comenzarían a verse rápidamente.

A raíz de mi anterior columna ‘La carne en la parrilla’ varios colegas me sugirieron puntualizar sobre aquellos temas que debe abordar el sector ganadero colombiano para mejorar su competitividad y sostenibilidad. 

Las prioridades para llevar al sector de un pronóstico reservado a uno positivo son varias. Una es mejorar la eficiencia reproductiva del hato colombiano. En el país –en promedio– el primer parto de una vaca es a los 30 meses de edad y su intervalo entre partos es de 16,6 meses, por lo que en diez años produce 6,6 crías. En Brasil, en uno de sus mejores hatos, San Marcelo, las reses tienen sus primeras crías a los 23 meses y el intervalo entre partos es de 12,7 meses, logrando producir en 10 años 8,6 crías por hembra. En esa misma década, las primeras crías hembras nacidas en Colombia alcanzarán a tener 3,6 crías más, mientras que en San Marcelo serán 5,8. Las diferencias en el crecimiento de la población son enormes, igual los resultados del negocio. 

San Marcelo hace parte de un programa de mejoramiento genético regulado por el Ministerio de Agricultura de Brasil y por redes de ganaderos que manejan gran parte de la población de las distintas razas de interés. El programa garantiza que solo se utilicen toros de alto valor genético, que puedan heredar estas características reproductivas y otras de interés económico a su descendencia; también seleccionan vacas de alto valor, cuyos óvulos son aspirados para producir embriones que aceleren el progreso genético. Llevan años en este trabajo de manera sistemática, usando herramientas genómicas que asocian grupos de genes a características productivas y sus logros son notables.

Corpoica desarrolló modelos genómicos para algunas razas en Colombia, pero los ganaderos aún no se deciden a meterse a fondo en un esquema de este tipo. El Ministerio de Agricultura y los gremios ganaderos tienen la solución en sus manos. Pura decisión política. Desatrasarnos puede tomar un par de décadas, pero las mejoras comenzarían a verse rápidamente.

Otra dimensión crítica que afecta nuestro hato es la prevalencia significativa de enfermedades que padecen los bovinos y que afectan su eficiencia reproductiva. La leucosis bovina es la enfermedad más importante que debe abordarse luego de la aftosa y la brucelosis. En mi artículo ‘Un paciente grave’ relato cómo entre Corpoica y Vecol desarrollamos un diagnóstico que puede ayudar a orientar las políticas sanitarias del ICA en esta materia. Mientras tanto, los ganaderos deben diagnosticar sus animales, excluir los positivos de sus programas reproductivos y alimentar con calostro de vacas negativas a los recién nacidos.

A raíz de estos hallazgos, Corpoica priorizó trabajos de investigación para desarrollar vacunas sintéticas modernas que concurran a mitigar el daño que estas enfermedades están generando. Una apuesta incierta pero posible. 

El tema reproductivo también se apalanca con otras herramientas modernas de la biotecnología, como semen y embriones sexados que logran acelerar significativamente la mejora genética de la población. Sus precios, hoy inalcanzables para la mayoría de ganaderos, disminuirán en la medida en que se desarrollen programas de mejoramiento genético y este mercado se vuelva más transparente. 

Hay también conocimiento y formas de estacionalizar los ciclos reproductivos y de mejorar los índices de preñez que deben ser adoptados por los productores, independientemente de su tamaño, que un buen servicio de extensión debe priorizar.

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Juan Lucas Restrepo Ibiza

Director Ejecutivo

Corpoica

@jlucasrestrepo

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