Valor de existencia

Portafolio, 5 de septiembre de 2018

Agrosavia, con el apoyo del ICA, estableció en 1994 un sistema de bancos de germoplasma en el que salvaguardamos gran parte de la diversidad genética.

Buena parte de los vegetales y animales que consumen hoy no se parecen en nada a sus progenitores del pasado. Las mazorcas de maíz no tienen nada que ver con las que existían hace diez mil años en su lugar de origen, México. Si pudiéramos viajar a esa época, cualquier parte del mundo, sería un caso difícil identificarlo.

Los vegetales del agro actual son el resultado de una sistemática laboral de las comunidades agrícolas que, a lo largo de la historia, prefirieron y cultivaron plantas cuyo sabor, productividad, vida útil u otras características, les atraían. En este proceso iban privilegiando aquellos genes asociados a sus intereses y descartando otros no deseables. Los agricultores han sido los grandes mejoradores genéticos de la historia.

Los últimos siglos, los avances en el conocimiento y el desarrollo de las técnicas técnicas que permitieron el trabajo de los agricultores se aceleraron con el aporte de análisis que han incrementado las ganancias en la productividad y las características deseadas de los productos agropecuarios. Sin embargo, al menos algunos genes frente a otros, estos últimos, los 'indeseados', pueden extinguirse por cambios en el uso del suelo, por catástrofes naturales, o simplemente porque los agricultores dejan de usar las variedades o los animales que los contienen.

Es por esta razón que muchos países han conformado en las últimas décadas sistemas de conservación de la biodiversidad genética agropecuaria, denominados bancos de germoplasma. En estos se salvaguarda la mayor cantidad posible de individuos sin importar si o no útiles para la actividad agropecuaria en el presente.

Agrosavia, con el apoyo del ICA, estableció en 1994 un sistema de bancos de germoplasma animal, vegetal y de microorganismos en el que salvaguardamos gran parte de la diversidad genética de interés para los colombianos. Es uno de los mejores del hemisferio. Allí protegemos seis razas criollas bovinas, tres porcinas y dos ovinas, unos 36 mil materiales (accesiones) vegetales pertenecientes a 56 grupos taxonómicos y 222 taxones. También conserva alrededor de 2.300 microorganismos funcionales para la actividad agropecuaria. 

No todo lo que está en los bancos es originario de nuestro país. No tenemos ni idea para qué se puede servir buena parte de lo que conservamos. Lo único que importa es que el rigor técnico y el compromiso de nuestros investigadores garantice que esa enfermedad esté disponible para las generaciones futuras. Esto se llama valor de existencia.

Más allá de mantener las colecciones biológicas, ejecuciones proyectos de investigación para irías y buscar entre esos millones de genes que sirvan para resolver problemas de la naturaleza biótica o las enfermedades o abiótica (como la tolerancia a altas temperaturas o el déficit hídrico) que mejoren la productividad agropecuaria y satisfagan a los consumidores. A esto lo llamamos valor de uso.

Colombia ha avanzado en el establecimiento de estos bancos y en la creación de un marco normativo que garantiza que su conservación y aprovechamiento se desarrollen protegiendo a este importante patrimonio público y los derechos que las comunidades de productores y terceros tendrán sobre sus recursos. Hoy, como entidad pública, somos los delegados por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para desarrollar esta importante tarea. Contamos con la infraestructura y los recursos del Estado para garantizarles a los colombianos que este patrimonio está en las mejores manos. Para que siga existiendo. 

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Juan Lucas Restrepo Ibiza

Director Ejecutivo

Agrosavia

@jlucasrestrepo

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