Un paciente grave

Portafolio, 19 de enero de 2017

Cada vez es mayor el consenso sobre la baja productividad de la ganadería nacional y el uso ineficiente que hace de buena parte de la frontera agrícola del país. Pero también aumenta la convicción sobre el enorme potencial que tiene Colombia para que esta cadena de valor atienda eficientemente nuestras necesidades y la de importantes mercados de exportación a futuro.

Hay indicadores técnicos asociados con fertilidad, ganancia de peso, incremento de la producción de leche y capacidad de carga de la ganadería, en los cuales los promedios nacionales pueden mejorar en corto plazo entre 20% y 150%, dependiendo del indicador, aumentando su competitividad.

El foco de las acciones del Ministerio de Agricultura, los gremios y entidades como Corpoica para incrementar la productividad ha sido en alimentación, ya que la estacionalidad de la oferta de forreajes afecta negativamente el negocio y en genética, pues los biotipos animales con mejor adaptación a los distintos sistemas productivos también mejoran los indicadores. La llave comida-genética da cuenta de gran parte del esfuerzo institucional y los avances son significativos.

Sin embargo, hay nueva información que hay que incorporar urgentemente en la estrategia: el hato nacional está enfermo. Muy enfermo. Y necesitamos tratarlo como se trata a un paciente grave, porque por más comida y biotipo, si no se alivia rápido, nos podemos quedar sin paciente.

Con recursos y logística de la empresa Vecol, la dirección científica de Corpoica, y el apoyo del Ministerio de Agricultura y un grupo importante de universidades, se realizó un estudio epidemiológico observacional descriptivo transversal en ocho municipios representativos de sistemas de producción de carne, leche y doble propósito en los que se analizaron muestras de 11,204 bovinos. Los resultados del trabajo desarrollado entre 2014 y 2016 son representativos para esos municipios y nos dan luces sobre la situación crítica del hato nacional.

La presencia de Leucosis bovina (LVB), que es un retrovirus parecido al Sida, persistente y que no tiene vacuna es del 39%. La LVB genera problemas de fertilidad y abre la puerta a otras enfermedades. En otros virus como el DVB, que puede transmitirse a la progenie generando animales persistentemente infectados, es del 40% y en IBR del 57%. En enfermedades bacterianas, que también afectan la productividad y la reproducción, se encontró presencia de Leptospira en 21% de los animales y 13% tienen Paratuberculosis. En enfermedades parasitarias, se halló 40% con Neospora, 54% con PGI y 35% con Coccidias.

Cada una de estas enfermedades, de forma individual, afecta el desempeño animal. Su conjunción, como lo presenciamos en el estudio es un desastre. Datos como los estimados por Fedegan ,de que las pérdidas por salud para la cadena de valor pueden ser de unos $500 mil millones al año pueden estar subestimando el problema. Y el gasto en productos veterinarios curativos, estimado en unos $200.000 millones al año, tampoco están siendo efectivos.

Hay mucho por hacer para resolver este problema. ¿Que el LVB pase a ser de control oficial del ICA, además de la aftosa y la brucelosis? ¿Desarrollar políticas y programas en los que se privilegien enfoques preventivos en vez de curativos? La educación, las mejores prácticas, el control de vectores, el uso de embriones y material seminal limpio son claves para resolver el lío.

En Corpoica prendimos las alarmas y desde nuestro ámbito le daremos todo el apoyo al sector ganadero para que se alivie pronto.

Lea la columna original en Portafolio.com

  • Juan Lucas Restrepo I.
    Director Ejecutivo de Corpoica
    jlrestrepo@corpoica.org.co

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