Retos tropicales

Portafolio, 26 de julio de 2017

Si aspiramos a ser grandes jugadores en productos cárnicos, lácteos, cacao, frutales y otros, debemos soportar nuestras cadenas de valor.

Jeffrey Sachs es hoy uno de los economistas más importantes del mundo, y una persona dedicada desde hace mucho a los temas de desarrollo. Hace unos 15 años, escuché al profesor Sachs en una conferencia sobre agricultura, en la que decía que las nuevas tecnologías y las semillas que se producían en los países desarrollados como Estados Unidos, se podían montar en un avión que las podría llevar a climas análogos en el hemisferio sur a países como Argentina que, con un pequeño esfuerzo, podían adaptarlas a dichas condiciones. 

Pero también decía que el avión volaba por encima del trópico sin detenerse, ya que su carga poco servía para ser aprovechada directamente en estas condiciones. Su conclusión era que al trópico le tocaba más duro porque tenía que desarrollar su propia investigación y conocimiento para sacar adelante su desarrollo agropecuario. Esta lección la he corroborado en mi trabajo diario. 

La semana pasada, en el foro mundial de productores de café, llevado a cabo en Medellín, escuché nuevamente al profesor Sachs. Nos trajo la noticia de que el café, uno de los productos tropicales más importantes, y que muchos estudios y profesionales de la salud han proscrito sistemáticamente, prolonga la esperanza de vida. 

Sachs presentó el mayor estudio hasta la fecha, que concluyó que tomar tres cafés o más al día reduce la mortalidad prematura en 18 por ciento en hombres, y 8 por ciento en mujeres, sobre todo por la disminución de enfermedades cardiovasculares y del sistema digestivo. El trabajo, encabezado por científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), analizó la salud de 520.000 personas a lo largo de 16 años en una decena de países europeos y es consistente con otros estudios similares recientes. ¡Mejor dicho, quien no tome café está atentando contra su salud! 

Pero si bien el café es ahora una ‘niña bonita’ del trópico, otros productos importantes de esta parte del mundo siguen enfrentando ataques desde los mercados de los países desarrollados. El aceite de palma tiene que batallar para proteger su reputación, a pesar de ser un competidor eficiente frente a otros aceites producidos en climas templados. En los años ochenta catalogaron los ‘aceites tropicales’ como malos para la salud y costó mucho trabajo recuperar su posicionamiento como un alimento con efectos mayoritariamente positivos para el organismo. 

También sufre por connotaciones de daño al medioambiente, debido a la manera como algunos países en el sudeste asiático arrasaron con bosques tropicales para establecer sus cultivos (cosa que no ocurrió en Colombia, pero nos golpea por osmosis). El Estado, el sector privado y la academia tienen que trabajar mancomunadamente para proteger este y otros cultivos estratégicos para el desarrollo rural. 

Los consumidores, cada vez serán más conscientes de las connotaciones ambientales y para su salud que tiene lo que consumen. Y los productores agropecuarios de países desarrollados harán lo que esté a su alcance para que lo suyo siempre prevalezca frente a las ofertas desde el trópico, no siempre con argumentos objetivos. 

Por lo tanto, si aspiramos a ser grandes jugadores en productos como cárnicos, lácteos, cacao, frutales y muchos otros, necesitamos no solo ser productores eficientes, sino soportar nuestras cadenas de valor con modelos productivos amigables con el ambiente, productos inocuos y tan saludables, o aún más, que los que producen nuestras contrapartes en los países desarrollados. Como sucede con el café.

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Juan Lucas Restrepo Ibiza

Director Ejecutivo

Corpoica

@jlucasrestrepo

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