#InnovaciónAgroYa

Portafolio, 23 de noviembre de 2017

El proyecto de ley que crea el Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria (SNIA), es el resultado de una verdadera construcción colectiva.

Autosuicidio. El proceso para tratar de sacar adelante un nuevo marco legal que promueva la innovación agropecuaria nacional, es el ejemplo perfecto del estado de degradación del debate político en el país. Un proyecto clave puede ser la próxima víctima de las batallas ideológicas, burocráticas y de egos en el Capitolio.

El proyecto de ley que crea el Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria (SNIA) parte de reconocer que los entes públicos, la academia y los productores agropecuarios no logran articularse eficientemente ni en el ámbito nacional ni en los territorios frente a la necesidad de innovar. Por ello, propone instrumentos efectivos para su mejor coordinación y efectividad. También articula los esfuerzos que se hacen desde la investigación, la educación y la extensión agropecuaria y plantea formas de resolver escollos que limitan la productividad sectorial. 

El acuerdo de paz se convirtió en la gran oportunidad para que un proyecto ambicioso y complejo como la creación del SNIA, que toca muchos intereses, pudiera pasar por el Congreso. Su contenido se ajusta perfectamente a gran parte de los mandatos de la Reforma Rural Integral del acuerdo de paz. Además, el procedimiento legislativo especial fast-track permitiría que las reformas legales necesarias para implementar el acuerdo gozaran de condiciones especiales que aceleraran su trámite y protegieran la integralidad conceptual de las iniciativas.

El proyecto, que hoy está a punto de caerse, es el resultado de una verdadera construcción colectiva. Partió de buenos datos, diagnósticos y el reconocimiento de las mejores prácticas en la materia, se estructuró con la participación de las entidades públicas interesadas, se discutió a fondo en la instancia pactada con las Farc, llamada la ‘Csivi’, recibió insumos de gremios como la SAC y el Consejo Privado de Competitividad, se discutió en foros académicos en las regiones, tuvo audiencias públicas convocadas por el mismo Congreso y ha integrado los aportes de congresistas y ciudadanos que lo han ido mejorando y madurando. Está listo.

¿Qué está pasando, entonces? La tormenta perfecta. Un fallo de la Corte Constitucional limitó los alcances del fast-track y le quitó al gobierno casi todo el margen de maniobra que tenía para implementar el acuerdo en el Congreso. La batalla campal para reglamentar la JEP y proyectos como la reforma política han consumido el tiempo y el ánimo de los congresistas para mover temas distintos. 

La táctica del Centro Democrático, de debatir los proyectos, pero no votarlos, ralentiza el proceso y dificulta lograr los votos necesarios para avanzar en una ley que aceptan que les gusta. En la Unidad Nacional, el ausentismo es brutal y son visibles los peajes ‘burocráticos’ y frente a “compromisos incumplidos” de partidos o congresistas individuales. Como cada voto cuenta, el poder individual es enorme. Otros no tienen sentido de oportunidad y no entienden que sacrificar el SNIA les cuesta a los campesinos, más que a nadie, por quién sabe cuántos años más. Congresistas pilos y comprometidos, obvio, hay, pero no son suficientes.

Las cosas están así: hoy, el Senado, probablemente, no logrará el quorum. Entre el próximo lunes y el jueves 30 de noviembre, cuando culmina el fast-track, se tiene que votar la ley en el Senado, la Cámara de Representantes y conciliarse los textos si resultan distintos. Si esto no sucede la ley se hunde. Y este iluso cree que la razón primará y que en el último minuto lograremos que el SNIA sea una realidad.

Ver columna original en Portafolio.com

Juan Lucas Restrepo Ibiza

Director Ejecutivo

Corpoica

@jlucasrestrepo

Micro sites